No tengo ganas de vivir

No tengo ganas de vivir

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Cuando sufres depresión los pensamientos negativos sobre el mundo y el futuro son la norma. Te encuentras en una situación tan desagradable y difícil de llevar que realmente se te hace insoportable. Además, cuando miras hacia el futuro no ves que nada vaya a mejorar. Y te asustas. Te cansas y te hundes cada vez más. Comienzas a pensar que estarías mejor en otro lugar. Que no puedes vivir más así


Si te encuentras en esa situación sigue leyendo este artículo porque puedes salir del pozo. 


El secreto para recuperar tus ganas de vivir pasa por entender que lo que sientes ahora no es real, sino consecuencia de la depresión. Lo puedes confirmar recordando los momentos en los que has sido feliz y las cosas importantes que has conseguido hasta ahora. 

Vas a volver a disfrutar de la vida y eso ocurrirá cuando superes tu depresión.

Lunes 7:00. 

Suena el despertador. Tienes que levantarte y es lo último que te apetece hacer. Quieres que se encargue otra persona. Tú no puedes hacerlo, no tienes ánimo ni fuerzas. Le dices a tu pareja que por favor se encargue de los niños, que te encuentras mal. Y te quedas en la cama.

Martes 7:00. 

Suena el despertador. Otro día con el que luchar. Sabes que tienes que hacerlo, pero parece que una fuerza sobrenatural te hunde en la cama y te lo impide. No quieres hacer nada en absoluto, solo llorar y que se te pase esa tristeza. Una tristeza para la que además no encuentras motivo. Y vuelves a pedir ayuda. Y te quedas en la cama. Te pasas el día en la cama sin ganas de comer, ni de leer ni de mirar los mensajes de móvil de las personas que te preguntan cómo estás. El día pasa lento y se te hace insoportable. Esa noche le dices a tu pareja que se encargue también el día siguiente de las tareas porque sigues estando mal.

Miércoles 10:30. 

Te despiertas y no hay nadie en casa. Los niños están ya en el colegio y tu pareja en el trabajo. Una sensación increíblemente desagradable de malestar, tristeza y culpa te invade. Todo está en silencio y puedes oír tus pensamientos. Pensamientos negativos que se suceden una y otra vez y no desaparecen: “soy una inútil”, “no sirvo para nada”, “soy una mala madre, no soy capaz de cuidad de mis hijos”, “soy una carga para la familia, estarían mejor sin mí”, “nunca me voy a poner bien”, “desaparecer es la única solución”. 

Los pensamientos suicidas son más comunes de lo que crees, incluso en personas no deprimidas. Es algo de lo que no se suele hablar por vergüenza o miedo a la desaprobación, pero están ahí y es necesario hablar sobre eso y buscar ayuda profesional. Ningún profesional te va a juzgar si le cuentas que tienes pensamientos suicidas y de hecho hablar sobre eso puede suponer un alivio para ti. 

Si has llegado al punto de creer que el suicidio es la única solución déjame decirte que estás en un error. Te equivocas si piensas que no hay otra salida. Siempre la hay.

Por qué no tengo ganas de vivir

No tienes ganar de vivir porque una visión negativa y pesimista domina tus pensamientos. No solo no ves la solución a tus problemas actuales o futuros, sino que te cuesta recordar que en algún momento fuiste feliz. 

Tus recuerdos del pasado son tristes. Te centras en lo que hiciste mal o no hiciste. En lo que querías conseguir y no conseguiste. Y te culpas. Te sientes insuficiente y con poco valor.
Cuando tus seres queridos te recuerdan épocas felices tu crees que se equivocan y que solo lo dicen para ayudarte, porque en realidad la depresión hace que distorsiones los recuerdos. Como no puedes recordar todos los momentos felices, crees que es porque nunca sucedieron, que esa felicidad fue una ilusión. 

Sin embargo, esos momentos felices sí que han existido y volverán cuando superes tu depresión. Ahora te sientes desesperanzada y por eso crees que no volverás a sentirte feliz. La desesperanza es un síntoma de la depresión igual que la fiebre es un síntoma de la gripe. Sentirte desesperanzada no es una prueba de que en realidad no haya esperanza, sino una prueba de que sufres una enfermedad: depresión.

Qué hacer cuando no tienes ganas de vivir

La motivación y las ganas de vivir no se recuperan de la noche a la mañana por arte de magia. Requieren un proceso y sobre todo apoyo externo. Personas que te aprecien y te ayuden a describir esos momentos felices que ahora no aparecen en tus recuerdos. 

Para iniciar el proceso:

1. Busca ayuda.

Esto es fundamental y lo primero que debes hacer. Tanto de tus seres queridos para que te apoyen, como de un profesional que te guíe. Comenzar una terapia cognitivo-conductual con un profesional de la psicología es lo que más te va a ayudar. Si sigues sus recomendaciones empezarás a notar una pequeña mejoría en poco tiempo. 

También aprenderás a enfrentarte a los desagradables síntomas que estás sintiendo y finalmente a cambiar tu forma de pensar, para que en adelante tus interpretaciones de los acontecimientos sean más realistas y te hagan sentir mejor. 

Si tu terapeuta no te enseña ninguna de estas cosas, y solo se limita a escuchar lo que dices durante una hora: cámbialo. No tengas reparo en hacerlo. Aunque el hecho de que alguien te escuche está bien y te puede hacer sentir comprendida, la realidad es que su trabajo va más allá de eso. Tiene que enseñarte a comprender lo que te pasa y por qué te pasa, enseñarte técnicas cognitivas, técnicas conductuales y guiarte durante todo el camino de recuperación.

2. Rompe el ciclo de inactividad.

Sin reforzadores positivos no puedes levantar tu ánimo, por eso es importante que rompas el ciclo de inactividad haciendo cosas, aunque no te apetezca. Puedes empezar por actividades que requieran poco esfuerzo como dar un paseo, leer un artículo en internet o poner un capítulo de una serie divertida. Cualquier cosa que agradable que hagas te va a beneficiar. Hazlo sin ganas, pero hazlo. Es esencial.

3. Busca lo ilógico en tus pensamientos.

Como te contaba al principio de este artículo, durante un episodio depresivo tienes un filtro negativo en los pensamientos sobre ti misma, el mundo y el futuro. Con la ayuda de tu terapeuta aprenderás a identificar esos pensamientos negativos que son poco realistas para cambiarlos por otros más adaptativos. Eso hará que las emociones cambien y que te tomes la vida de otra manera ¿sabes por qué? Porque la mayoría de las emociones negativas o desagradables que experimentas están asociadas a unas creencias y forma de pensar que muchas de nosotras damos por verdadera pero que en realidad es errónea.

Cuando te enfadas porque una amiga no te devuelve la llamada o porque alguien te lleva la contraria en algo, es debido a que crees que los demás deben comportarse según unas normas que consideras correctas y que si no lo hacen deben ser castigados/as.

Y lo mismo ocurre cuando piensas que no puedes “soportar más” lo que te pasa, cuando te sientes mal si algo no te sale perfecto o cuando te sientes dolida porque alguien no corresponde tus sentimientos. La realidad es que sí que puedes soportar algo desagradable y la prueba es que lo has hecho hasta ahora. Que no tienes que ser perfecta, además la perfección es muy relativa porque depende de las opiniones y normalmente difieren unas de otras. Y que tu puedes elegir como demuestras tu amor o amistad a los otros, pero no puedes exigir que hagan lo mismo que tú.

4. La culpa.

La culpa aparece una y otra vez cuando tienes depresión. Te sientes culpable de lo que pasó, de lo que no pasó. De lo que podría pasar. De lo que hiciste o no hiciste. De lo que haces o no haces. De que llueva o haga sol. De los problemas de los demás y de los tuyos. Es un sinvivir. 

Pero, ¿te has parado a pensar cuantas de esas cosas en realidad dependen de ti? Pues seguro que son muy pocas. 

Si has cometido errores en el pasado perdónate y continúa con tu vida. Todas cometemos errores y con suerte aprendemos de ellos. Si tienes que disculparte hazlo, pero no te martirices. 

A veces ocurre que tenemos la necesidad de disculparnos con alguien que ya no está. La psicología también tiene solución para eso: la técnica de la silla vacía o de la carta.

5. Revisa lo que has conseguido hasta ahora.

Mira hacia atrás para identificar lo que has conseguido hasta ahora en tu vida. Y me refiero a cosas reales e importantes como una buena relación con algún amigo o familiar, haber ayudado a otros, haberte sentido útil, haber dado vida, apoyado a una persona en un momento difícil, haber aprobado un curso o una carrera, etc. 

Tus logros reales te harán tomar conciencia de que eres una persona valiosa. Y el valor permanece. Si crees que ahora eres menos valiosa por estar pasando un mal momento: te equivocas. Si crees que el valor depende del físico o de la clase social: te equivocas. 

Y si crees que las personas de tu entorno estarían mejor sin ti: TE EQUIVOCAS. ¿Sabes lo bueno de equivocarse? Que se aprende.

Además, déjame decirte que, tengas la edad que tengas, no es tarde para hacer las cosas que quieres hacer. No es tarde para viajar, para aprender un idioma, para aprender a tocar un instrumento o a pintar. No es tarde para cambiar de profesión ni para cambiar de ciudad. Puedes hacer muchas cosas y sumarlas a las que ya tienes cuando te sientas mejor. 

De hecho, si estás leyendo esto es porque ya has decidido trabajar para ponerte mejor, y puedes considerarlo un nuevo logro.

3 comentarios en «No tengo ganas de vivir»

  1. Doctora mi gran pregunta es cómo evitar los episodios relacionados con el TAB, teniendo en cuenta que después de un episodio mi vida sigue completamente normal…que es lo pasa ? Habrá un tratamiento efectivo? Los psiquiatras no me dan respuesta solo medicación que con el tiempo me está causando otras complicaciones.

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    • Estimado Juan:

      Ya que me preguntas por el trastorno bipolar, decirte que dentro de poco publicaré un artículo sobre el tema que espero te sea de utilidad.

      Verás, en el TAB está recomendada la medicación para regular en lo posible el estado de ánimo. Sin embargo, siempre es interesante complementarlo con terapia psicológica para aprender a sobrellevar los distintos episodios.
      Una de las recomendaciones que hago a las personas que conviven con el trastorno bipolar, es establecer unos hábitos y rutinas e intentar seguirlos en la medida de lo posible. Una vida ordenada suele ayudar tanto cuando hay un episodio maníaco como cuando se presenta el episodio depresivo. En este último, que es muy duro e incapacitante, es importante la actividad, aunque sea sin ganas. Si bien no a un ritmo habitual, es necesario hacer pequeñas cosas para obtener refuerzos positivos que ayuden a tu organismo a generar las sustancias relacionadas con el placer y así no perder el ánimo por completo cayendo al fondo del pozo.
      Además es conveniente que las personas que conviven contigo conozcan bien el TAB para que puedan ayudarte y apoyarte en los momentos difíciles.
      Espero haberte sido de ayuda.
      Un abrazo.

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